Aguascalientes, México, Jueves 22 de Junio de 2017
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El Parlamento egipcio es un "escaparate", según un diputado opositor expulsado

El destacado político Mohamed Anwar al Sadat, recién expulsado del Parlamento egipcio por sus continuas críticas, durante la entrevista con Efe. EFE (EFE)
17/03/2017 08:10:01 El Cairo, 17 mar (EFE).- El destacado político Mohamed Anwar al Sadat, recién expulsado del Parlamento egipcio por sus continuas críticas, sostuvo en una entrevista a Efe que la Cámara es un simple escaparate dirigido al mundo exterior, que carece de influencia y que está controlada por los aparatos de seguridad del régimen.
Al parlamentario, sobrino del difunto presidente egipcio Anwar al Sadat (1970-1981), se le acusó de haber filtrado información a entidades extranjeras y de manchar la reputación de la Asamblea Legislativa, que votó a favor de expulsarle a finales del pasado mes de febrero.
"Fue un claro mensaje" al resto de miembros: "Si vas demasiado lejos, puedes acabar fuera", explica con serenidad en su despacho del barrio residencial de Heliopolis, en el noreste de El Cairo.
En su opinión, no hay lugar para voces críticas dentro del hemiciclo, egipcio que "está completamente controlado por los aparatos de seguridad" del Estado.
Estos "pueden permitir un poco de críticas, sólo para demostrar que hay oposición, pero no es una oposición real", añade.
Al Sadat obtuvo su escaño en las elecciones parlamentarias celebradas en otoño de 2015 y entonces tenía la esperanza de que la Cámara, constituida en enero de 2016, pudiera hacer de contrapeso al Ejecutivo y pedirle cuentas, pero señala con frustración que no ha sido así.
"El Parlamento es un escaparate para mostrar al mundo, a los líderes europeos. Es muy bonito, pero no tiene influencia ni poder", explica Al Sadat, que fue diputado por primera vez en 2005, bajo el régimen del expresidente Hosni Mubarak (1981-2011), quien toleró la presencia de opositores en la Cámara durante sus últimos años en el poder.
Después de 12 años de carrera, destaca que se está viviendo el pero momento en Egipto, donde "la política está muerta" y "no hay lugar para la oposición", y la que todavía existe "está dividida y debilitada".
Admite que tampoco tiene margen de acción la formación política que él mismo preside, el Partido para la Reforma y el Desarrollo, creado en 2011 al calor de la revolución egipcia.
Ahora, cree que habrá que esperar unos 5 o 6 años, hasta el segundo mandato del presidente Abdelfatah al Sisi, que accedió al poder en 2014, para ver una cierta apertura y tolerancia.
"La mayor parte de los parlamentarios creen que no es el momento para criticar, sino de estar unidos y de apoyar al Gobierno", añade y dice que aquellos pocos diputados opositores están "asustados" después de su expulsión.
Al Sadat cree que no van a echar a más miembros del Parlamento, porque esto no fue bien recibido por la opinión pública, pero "van a castigar" a los que se atrevan a hablar de asuntos espinosos.
El político, de 61 años y porte elegante, subraya que luchó desde el primer momento como jefe de la Comisión parlamentaria de Derechos Humanos, en la que abordó los casos de desapariciones forzosas, torturas, violencia sectaria y otras realidades incómodas de Egipto.
"No me permitieron hacer mi trabajo, me hicieron la vida imposible, así que decidí abandonar", dice en referencia a su dimisión de ese cargo en agosto del año pasado.
Posteriormente, fueron sus intervenciones en el hemiciclo en contra de la polémica ley que regula las ONG o a favor de supervisar el presupuesto estatal, y sus críticas a los privilegios de los militares, que acabaron con su breve paso por el Parlamento.
"No tengo ningún problema con el Ejército, yo mismo fui oficial de aviación, pero ahora está demasiado involucrado en todos los sectores económicos", explica sin miedo a criticar a la institución más temida y respetada de Egipto, la cual controla los destinos del país.
Al Sadat, quien durante la entrevista se fuma varios cigarrillos, sostiene que "Egipto tiene la posibilidad de ser mejor", pero para ello tiene que haber justicia, igualdad y un Estado de derecho.
"Incluso los islamistas, debemos dejarles espacio e incluirles en la sociedad, sobre todo a los jóvenes, siempre y cuando respeten la ley y renuncien a la violencia", asegura el político que -como la mayor parte de los liberales- apoyó a Al Sisi cuando apartó del poder a los Hermanos Musulmanes en un golpe de Estado no sangriento en julio de 2013.
Al Sadat subraya que no se opone al mariscal Al Sisi, pero considera que desde que los uniformados gobiernan el país han tomado decisiones equivocadas, en momentos equivocados, "porque no escuchan".
Entre sorbos de un café turco, opina que está "tranquilo" aunque precisa que aun necesita tiempo para pensar si se retirará de la política -como le pide su familia- o si seguirá con su carrera, e incluso si se atreverá a presentarse a las elecciones presidenciales previstas para 2018.

Por Francesca Cicardi
EFE