Aguascalientes, México, Martes 24 de Enero de 2017
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De política y cosas peores

21/01/2017 |
Si yo fuera uno de mis cuatro lectores me abstendría de leer el cuento que descorre el telón de esta columnejilla, y el que al final lo cierra. Ambos relatos contienen una alta dosis de eso que antes se llamaba sicalipsis, vale decir malicia sexual o picardía erótica, según define la Academia. He aquí el primero de esos vitandos chascarrillos. Cierto infeliz señor a quien llamaremos don Motilo fue víctima de un penoso mal que puso al doctor Ken Hosanna en la necesidad de privarlo de sus testes, dídimos o compañones. A fin de sustituir las partes objeto de la ablación citada, y para que el escroto del señor no quedara horro y vacío, el célebre facultativo usó un par de cebollitas de Cambray que luego de breve regateo consiguió a buen precio en una verdulería de la localidad. El implante probó ser eficaz: no hubo rechazo, y el saco testicular del paciente recobró su forma y contextura originales, si bien -hay que decirlo- los mencionados cebollines no cumplían, por su naturaleza vegetal, la función de las glándulas que fueron removidas.  Al cabo de algún tiempo el competente cirujano se topó en la calle con don Motilo y le preguntó cómo le iba con la operación reconstructiva que le había practicado. "Muy bien, doctor -dijo él-. Sólo hay un pequeño inconveniente relacionado con mi vida conyugal". "¿Qué inconveniente es ése?" -inquirió el médico-. Contestó don Motilo: "Cada vez que mi esposa me hace cierto gusto, llora". Tan pocas ocasiones da Enrique Peña Nieto de que se le aplauda que no puedo dejar pasar la ocasión de aplaudirle hoy. Merece encomio el viaje que hizo a Monterrey para expresar su solidaridad a los regiomontanos y nuevoleoneses con motivo de la tragedia sucedida ahí, y ofrecer apoyo a los familiares de las víctimas. Esa acción presidencial, oportuna y bien realizada, habla de un mandatario con sentido humano que acude con prontitud al lugar donde su presencia es necesaria. Más allá de toda política el gesto de Peña Nieto es digno de reconocimiento. No seré yo quien se le regatee, aunque sé bien que en los días que corren es políticamente incorrecto decir cualquier cosa buena de él. Yo, que me especializo en ser políticamente incorrecto, lo aplaudo sin reservas. Una joven aldeana entró a robar manzanas en el huerto de un avaro propietario. La sorprendió el mal hombre y le dijo que la iba a entregar a los alguaciles a fin de que la pusieran en prisión. La muchacha, gemebunda, le suplicó que no lo hiciera: tenía salud frágil, le dijo, y había oído a su padre decir aquello de que "An apple a day keeps the doctor away", una manzana al día mantiene alejado al médico. Necesitaba la fruta para seguir el consejo paternal y mantenerse sana. En buen estado de salud se hallaba la garrida moza, a juzgar por las buenas carnes que mostraba: tenía opulento tetamen y prominente raspuntín. Así, el aprovechado huertero le dijo que la dejaría libre, y aun le regalaría otra media docena de manzanas -de las picadas por los pajaritos, eso sí- a condición de que yaciera con él ahí mismo. Sobre el de grama césped no desnudo -el verso es don Luis de Góngora y Argote- cedió la joven al deseo del avieso tipo, que se refociló cumplidamente en ella. Acabado el lúbrico episodio la muchacha preguntó: "¿No quiere usted asegundar?". "¿Por qué?" -se sorprendió el tipo-. Explicó ella: "Es que ahora que estaba en el suelo vi unas peras muy buenas". Viene ahora el segundo relato sicalíptico que arriba se anunció. El maestro explicaba a sus alumnos todo lo concerniente a los mamíferos. Preguntó: "¿Alguno de ustedes conoce un pez mamífero?". Arriesgó Pepito: "¿El pezón?". FIN.