Aguascalientes, México, Sabado 25 de Marzo de 2017
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RECUSADO

04/01/2017 |
Una encuesta ciudadana, al azar, confirmaría lo que se repite todas las veces, de que el nuevo sistema de justicia penal es lo menos favorable para la sociedad, porque los lineamientos parecieran estar enfocados a blindar a los delincuentes en la medida en que les facilita la rápida salida suya de las cárceles.

Leer el contenido de esa legislación, sobre la que en su hora se ensambló toda una parafernalia, transporta a la indignación porque no se puede ser más indulgente hacia los de conducta delictiva. En lugar de poner énfasis en la sanción a los que agravian a la población, los procedimientos que determina son, incuestionablemente, en perjuicio del ofendido.

Se está de acuerdo en que algo tenía que hacerse para eliminar en lo posible aquellos juicios que se eternizaban y que además tenían saturados los juzgados, pero se nota que para sustituirlos se abrevó en experiencias de países cuya idiosincrasia no tiene ningún parecido con el nuestro.

Mal puede entonces proclamarlo como un modelo que aliviará todas las cuitas procesales y que no atenta contra los derechos humanos, pero por lo pronto pone condiciones muy especiales para dejar en presidio a delincuentes que no sean atrapados en plena acción, y aún así es apelable su detención preventiva.

Corresponde a los jurisconsultos de trayectoria destacada y experiencia sólida, profundizar en la filosofía de la legislación en comento. Pero esto no impide que se traslade a letra de molde una condensación de los criterios populares, que reflejan desacuerdo con el código de cortesías y consideraciones para los que delinquen.

Más bien debería actuarse, aquí en Aguascalientes, en el terreno de una reforma para acabar con uno de los dislates más reprochables: la desaparición de privilegios para hampones contumaces que entran y salen de la celda a la velocidad de un rayo. 50, 60 o más arrestos, que integran el récord de esos sujetos, serían para reaccionar y desaparecer la aberración jurídica, cosa que no se ve.

Ese es un asunto mucho más trascendente que solazarse porque ahora los juicios orales son instrumento para sustanciar, dicen, la premisa de una justicia que sea eso, justicia, y desterrar procesos kilométricos que parecían una carrera de resistencia y que saturaban de trabajo al Poder Judicial, hasta generar grandes rezagos.
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