Aguascalientes, México, Sabado 25 de Marzo de 2017
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Que los cumplas Rubí

14/12/2016 |
Pronto, como a (casi) todo el mundo: todavía los hay que resisten y viven fuera de la molicie de las redes, comencé a recibir mensajes e imágenes –de esas con texto que llaman, ignoro la razón, memes: ¿de memez?-, de una tal Rubí. Tampoco faltaron los del pobre sujeto ese que admira a un grupo Tal y se hizo famoso por su grito de guerra.
Yo pregunté, a gente más versada, sobre el trasfondo de esos asuntos. Pronto salieron los que saltaron para explicarme. Lo de Rubí y la invitación de sus padres –incluida la caprina- y lo del gritón que tiene sus dos minutos de fama.
Desde entonces el asunto no ha parado de crecer y es vano –y ocioso- abundar: más memes, videos, parodias e incluso un político que ya se subió al tren. Nunca mejor dicho: vio al burro y se le antojó el viaje.
Es un asunto banal, pero revelador: eso somos como pueblo. No puedo más que darle la razón al que hoy, a propósito de una animada charla sobre las novedades sobre la quinceañera, dejó el corrillo y dijo:
-Y estos son los que se quejan del Gobierno y dicen que quieren arreglar el país.
Pero el asunto, que ya sería grave si lo sumamos a la lista de calamidades nacionales, se vuelve peor, cuando vemos lo que provocan las redes en otras latitudes, verbigracia los Estados Unidos, o la mismísima Gran Bretaña.
Mucho se habla ahora de la ya célebre posrealidad (post-truth), consagrada por los Oxford Dictionaries, como la palabra que explica lo que nos está pasando; un resumen genial de lo que obran las redes sociales en lo que Ortega caracterizó como las masas rebeladas, lo vi hace días en un cartón del dibujante que firma como El Roto (el madrileño Andrés Rábago): un sujeto consulta su teléfono. Una voz que proviene de fuera del cartón afirma “Son puras mentiras” y el personaje, sin dejar de ver la pantalla de su aparato, apuntilla: “Pero es gratis”.
Pero no voy a intentar hacer sociología del asunto. Carezco de las competencias para intentarlo y también de ganas y de tiempo. Tan molesto me resulta pensar que en este país, donde no nos faltan los dramas reales, nos entretengamos (y me incluyo: yo me he reído también de estas memeces), con la invitación ingenua de un señor de un rancho, como los que intentan hacer filosofía (necesariamente barata), con este tema.
Hace unos días recibí un texto de un profesor o funcionario universitario, que se quejaba amargamente de que el gran público se interesara más de los XV años de Rubí que de los grandes desafíos de la educación nacional; más tarde alguien salió con esa otra memez de exigir que la gente le dé sus “me gusta” a la noticia de que tal niña había logrado no recuerdo que gran logro académico.
El colmo: una mente preclara sugiere que el asunto de Rubí, se lo inventaron en Los Pinos, como un distractor para los grandes retos de la nación.
Discrepo, mente preclara: en Los Pinos y en todos lados se da por descontado que estamos ante un pueblo que, colectivamente, no se destaca ni por su brillantez, ni por su inteligencia, y menos por su suspicacia. No en vano estamos en el país donde se crucificó a un crítico por atreverse a expresar su opinión sobre Juan Gabriel –que hace aquí de nuevo símbolo de alguna manera aberrante de mexicanidad.
Por lo demás todo este cochinero se dirime en las redes. Allí están los que se entretienen confirmando su asistencia al festejo (del que ya se hizo eco la prensa internacional) y los que se devanan los sesos para condenar este nuevo entretenimiento nacional.
Sobra decir que el primer síntoma de este nuevo mal –que ni tan nuevo: la televisión ya había avanzado lo suyo-, fue un ahora olvidado video: Un niño regordete se cae, o es empujado, a un riachuelo (o algo así). El protagonista, un tal Edgar, se suelta a proferir voces soeces. El video, recuerdo, logró decenas o cientos de miles de reproducciones: fue el primer gran producto “viral” que dimos al mundo.
No pensaba ni siquiera tratar este asunto, pero ya que lo toqué, no voy a abundar mucho en él. No da para más. Me limito a reiterar que le doy la razón al de arriba que se quejó de los “que quieren arreglar el país”, agregando de mi cosecha que, a mi entender, ellos son el problema de este país.
Y si alguien me alega que la culpa de todo la tiene el Gobierno, pues le doy también la razón (que estamos en época navideña y yo les regalo lo que quieran y gusten, mientras no me cueste); aunque quisiera agregar que al fin de cuentas tenemos el Gobierno que nos merecemos –y la oposición, y la industria del entretenimiento, y las organizaciones de la sociedad civil, la narcomúsica, los cómicos ramplones, los funcionarios corruptos, los mafiosos, los aguinaldos de los burócratas y todo lo que se les ocurra. Son, como quien dice, nuestras “conquistas sociales”.
Lo que pasa en nuestras redes no es la excepción: es basura, pero es gratis –y nos encanta aquí eso de la gratuidad, ¿no?
Por lo demás que Rubí se pase un cumpleaños soñado: que los cumplas Rubí.
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